Obesidad en Mallorca - TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINAR

Blog sobre Cirugía de la Obesidad

Bienvenid@ al blog del Centro Integral de Nutrición Islas Baleares sobre cirugía de la obesidad.

Un espacio donde te explicamos de manera didáctica en qué consisten los tratamientos de la obesidad actuales, te ofrecemos eecomendaciones a seguir antes y después de someterse a una intervención quirúrgica y resolvemos tus dudas de la mano de nuestros especialistas en Obesidad.

La distension abdominal habitualmente se asocia con aumento del perimetro abdominal

El estigma de la obesidad: cuando el peso es una barrera

La obesidad no es simplemente una cuestión de peso o de apariencia física. Es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, en cuyo desarrollo intervienen factores biológicos, genéticos, ambientales, sociales, psicológicos y económicos. Sin embargo, las personas que viven con obesidad siguen siendo juzgadas con frecuencia como si su situación fuera consecuencia exclusiva de sus decisiones personales o de una supuesta falta de voluntad.

Esta visión simplista tiene consecuencias. La obesidad afecta a la salud física, pero también puede afectar profundamente a la autoestima, las relaciones sociales, la vida laboral y la calidad de vida. Y, además, la propia sociedad puede añadir una carga adicional a la enfermedad: el estigma del peso.

¿Qué es el estigma de la obesidad?

El estigma del peso comprende los estereotipos, prejuicios, actitudes negativas y comportamientos discriminatorios dirigidos hacia una persona por su peso o tamaño corporal. Las personas con obesidad pueden ser percibidas injustamente como perezosas, poco disciplinadas, irresponsables o incapaces de controlar su alimentación.

Estas ideas no son solamente desagradables o políticamente incorrectas. Tienen consecuencias reales sobre la salud. La evidencia científica indica que el estigma puede favorecer la vergüenza, la baja autoestima, la ansiedad, el aislamiento social y determinadas conductas alimentarias. También puede hacer que algunas personas eviten consultar a un profesional sanitario por miedo a sentirse juzgadas. Por tanto, el estigma del peso constituye en sí mismo un problema de salud pública.

Uno de los principales motores del estigma es la idea de que la persona con obesidad es responsable de su enfermedad porque “come demasiado” o “no hace suficiente ejercicio”.

La realidad es mucho más compleja. El peso corporal está regulado por mecanismos biológicos que interactúan con el entorno, la alimentación, la actividad física, el sueño, el estrés, determinados medicamentos, la genética, las condiciones socioeconómicas y numerosos factores ambientales. Por ello, reducir la obesidad a una cuestión de fuerza de voluntad es científicamente insuficiente.

La propia consideración de la obesidad como una enfermedad crónica ayuda a cambiar esta perspectiva: no se trata de culpabilizar a la persona, sino de comprender la enfermedad, valorar su gravedad y ofrecer un tratamiento adecuado. La World Obesity Federation considera que reconocer la obesidad como enfermedad puede contribuir precisamente a reducir la percepción de que el exceso de peso es algo exclusivamente autoinfligido.

De la imagen corporal al estigma

La imagen corporal es la representación mental que cada persona construye de su propio cuerpo. Esta percepción no depende únicamente de características físicas: está influida por la cultura, la educación, las experiencias personales y los modelos de belleza predominantes en cada época. A lo largo de la historia, el ideal corporal ha cambiado considerablemente. No existe un único modelo de cuerpo que haya representado siempre la belleza o la salud.

Sin embargo, en nuestra sociedad la delgadez continúa asociándose con frecuencia al atractivo, el éxito, la juventud, la disciplina e incluso el bienestar. En contraposición, los cuerpos de mayor tamaño pueden ser representados de manera negativa.

El problema aparece cuando un ideal estético se transforma en un juicio moral: cuando se considera que una persona con obesidad es menos disciplinada, menos válida o menos responsable simplemente por su peso.

El estigma también existe en el ámbito sanitario

Uno de los cambios más importantes respecto al discurso de hace una década es reconocer que el estigma no desaparece cuando la persona entra en una consulta médica.

Los profesionales sanitarios también pueden tener sesgos, conscientes o inconscientes, hacia las personas con obesidad. Estos sesgos pueden influir en la comunicación, en la exploración clínica, en las decisiones diagnósticas y terapéuticas e incluso en la percepción que el propio paciente tiene de la atención recibida.
Una persona con obesidad puede sentir que cualquier problema de salud se atribuye automáticamente a su peso, incluso cuando requiere una valoración específica. También puede recibir repetidamente el consejo de “adelgazar” sin que se estudien adecuadamente las causas, las complicaciones o las opciones terapéuticas disponibles.

La consecuencia puede ser especialmente preocupante: el paciente puede dejar de acudir al sistema sanitario precisamente cuando más necesita atención. La evidencia recogida por organismos y sociedades científicas muestra que el estigma puede convertirse en una barrera para acceder a la prevención y al tratamiento de la obesidad.

Del “paciente obeso” a la “persona que vive con obesidad”

El lenguaje también importa. Las recomendaciones internacionales actuales promueven el uso de un lenguaje respetuoso y, cuando sea posible, centrado en la persona. La expresión “persona con obesidad” evita convertir una enfermedad en la identidad de alguien. No es lo mismo decir “es obeso” que decir “es una persona que vive con obesidad”.

Esta diferencia puede parecer pequeña, pero refleja un cambio profundo: la persona no es su enfermedad. La World Obesity Federation recomienda, entre otras medidas, utilizar lenguaje centrado en la persona, respetar las preferencias individuales y evitar imágenes y expresiones estigmatizantes cuando se comunica sobre obesidad.

El estigma no ayuda a perder peso

Durante mucho tiempo se ha pensado que señalar o avergonzar a una persona por su peso podía servir como estímulo para que cambiara sus hábitos.
La evidencia apunta en la dirección contraria.

La culpabilización y la vergüenza no constituyen una estrategia terapéutica eficaz. El estigma puede aumentar el malestar psicológico, favorecer conductas alimentarias poco saludables y hacer que algunas personas eviten precisamente los espacios —incluidos los sanitarios— donde podrían recibir ayuda.

Por eso, combatir el estigma no significa normalizar la obesidad ni negar sus riesgos para la salud. Significa abordar la enfermedad sin culpabilizar a quien la padece.

Ni negar la enfermedad ni culpabilizar al paciente

Existe una diferencia fundamental entre aceptar y respetar a la persona y considerar que la obesidad no tiene importancia médica.
La obesidad puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, apnea del sueño, enfermedad hepática, determinados tipos de cáncer y otras complicaciones. Pero reconocer estos riesgos no justifica discriminar a la persona que vive con obesidad.

El objetivo de una atención médica adecuada no debe ser juzgar el cuerpo del paciente, sino evaluar su estado de salud, identificar las complicaciones, conocer sus necesidades y ofrecerle las opciones de tratamiento disponibles. La medicina debe pasar de una cultura de la culpa a una cultura de la atención.

El estigma de la obesidad no es únicamente un problema individual. Está presente en diferentes ámbitos de la sociedad: medios de comunicación, redes sociales, educación, empleo, relaciones personales y asistencia sanitaria. Por ello, combatirlo requiere también una respuesta social.

Las recomendaciones internacionales actuales proponen avanzar hacia una comunicación más respetuosa, políticas contra la discriminación, educación sobre la verdadera complejidad de la obesidad y entornos sanitarios capaces de atender a las personas con independencia de su tamaño corporal.
También debemos abandonar las imágenes estereotipadas que presentan a las personas con obesidad únicamente como personas sin control, sedentarias o responsables de su enfermedad.

La persona antes que el peso

La obesidad no debería definir a una persona. Detrás de un diagnóstico de obesidad existe siempre una persona con una historia, unas circunstancias, unas expectativas y unas necesidades concretas. Por eso, el tratamiento de la obesidad debe comenzar por algo tan sencillo como escuchar sin juzgar. Reconocer la obesidad como una enfermedad no significa etiquetar a las personas. Significa reconocer que necesitan, cuando está indicado, una atención sanitaria adecuada. Y combatir el estigma no significa negar la importancia de tratar la obesidad. Al contrario: significa crear un entorno en el que las personas puedan pedir ayuda sin sentirse culpables, avergonzadas o discriminadas.

La obesidad necesita prevención, diagnóstico y tratamiento. Pero las personas que viven con obesidad necesitan, además, algo que debería estar presente en cualquier acto médico: respeto, dignidad y empatía.

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